En el Centro de Arte de Guingamp: el fotógrafo Bertien van Manen, aventurero honorario

Sorprenderse con una imagen única, que parece nunca vista de forma tan perturbadora en otro lugar, resulta reconfortante, en medio de una época en la que la mirada se ve constantemente atraída por un torrente de fotos que inundan nuestras pantallas. Esta imagen, para nosotros, es la tomada en blanco y negro por Bertien van Manen en 1987. La seguiremos observando durante mucho tiempo gracias a la exposición "Ecos de lo Ordinario", dedicada al fotógrafo neerlandés, en el Centro de Arte GwinZegal (Côtes-d'Armor). Cuatro niños pequeños estadounidenses, procedentes de los Apalaches, están sentados en el sofá de una autocaravana. Envueltos en sus toallas de baño, miran fijamente el objetivo del fotógrafo. Si los dos situados a cada extremo del sofá son claramente visibles a la luz, los dos rubios del centro quedan impactados por esta claridad hasta el punto de disolverse en los rayos del sol, como condenados a una desaparición inminente, ectoplasmas ardientes que se burlan de la naturaleza misma de la fotografía con sus promesas de eternidad. Tememos la ausencia venidera.
Bertien van Manen –nacida en 1935 en La Haya, Países Bajos, y fallecida el año pasado a los 89 años–, durante toda su vida privilegió la exploración sin fin, feliz de viajar hasta no saber más.
Libération